lunes, 25 de mayo de 2020

Actividad No. 4 de mayo 26 al 5 de junio de 2020



Actividad No. 4 del 26 de mayo a junio 5 de 2020

Después de leer algunos apartes del artículo de la Revista Semana responda con ayuda de sus padres en diez renglones: Ventajas y desventajas de la educación en casa. Utilice los signos de puntuación tal como se estudiaron en las guías de estas semanas.  Hágalo en los comentarios. Coloque primero nombres y apellidos completos y su curso.




Educación:  5/18/2020 7:02:00 P.M.

Coronavirus: Diez consejos para ayudar a su hijo con el colegio en casa

¿Qué puede hacer un padre confundido con un hijo aprendiendo en casa? La profesora Pilar Díaz, especializada en Educación Básica, le explica.
Debido a la cuarentena, la virtualidad se ha convertido en una necesidad, lo que significa que todas las actividades escolares han cambiado radicalmente. Y si antes los niños necesitaban de nuestro apoyo, ahora con mayor razón que se está recurriendo a las nuevas tecnologías para dar continuidad al proceso educativo.
Muchos padres tienen dificultades en ayudar efectivamente a sus hijos en sus deberes a pesar de ajustar sus horarios en casa, lo que ya es todo un reto. Muchas familias afrontan el desafío de recordar y entender conceptos que han sido olvidados con el tiempo y, lo peor, ahora las cosas no se enseñan como lo hacían antes. Entonces, ¿qué puede hacer un padre confundido con un hijo aprendiendo en casa?

Primero es importante tener en cuenta que no es necesario tener las respuestas a todas las preguntas. Lo importante es tener buena actitud y ayudar a los niños a pensar para aprender y resolver problemas por sí mismos.

Estos son algunos consejos de Pilar Díaz, licenciada en Ciencias de la Educación con Especialidad en Educación Básica.

1.  Dar autonomía asistida. En este momento la autonomía en los niños es muy importante, pero ésta debe estar acompañada del padre. En los dos o tres primeros días ayudarlos a que creen una rutina, revisando su horario diario y sus actividades del día. El niño puede ir organizando su cabeza y formar hábitos.

2. El orden es un factor crucial. Tener horarios y tiempos de trabajo organizados puede marcar una gran diferencia tanto para el niño como para los papás. Funciona una lista en donde al principio del día se establecen las actividades escolares y se van chuleando a medida que se van haciendo.

3. Cuando haya dudas, decirle al niño que busque ayuda en los profesores.  Ellos son pedagogos y los papás son organizadores de las actividades de los niños. Ambos son apoyo y guía para los niños, pero cada uno tiene su función.

4. Evitar mostrar una actitud de rechazo frente a las materias o a las nuevas metodologías virtuales.  Es importante enfatizar que entiende que es un problema difícil y que lo más importante es entender cómo resolverlo. Enfocarse en el proceso de resolución y, sobre todo, empatizar con los esfuerzos del profesor y del niño.

5. Construir hábitos de estudio nuevos. Tener un espacio de trabajo propio con todos los materiales de estudio al alcance, con unas condiciones óptimas para la concentración, respetando el espacio del niño, y que sea fácil de acceder para que el padre pueda darle apoyo, son factores que mejorarán los resultados de las sesiones de estudio. Establecer tiempos de trabajo justos (no más de 40 minutos, con descansos de 10 a 15 minutos) es la clave para optimizar el proceso de aprendizaje.

6. Analizar las preguntas siendo específicos en lo que no entienden. Desglosar las preguntas para saber qué no se entiende o a dónde se debe llegar, ayuda a que el niño aprenda a resolver los problemas por medio de la deducción, y le ayuda a aprender a identificar el proceso de construcción de una respuesta. Asimismo, pedirle que reformule las preguntas con sus propias palabras es importante para identificar el nivel de comprensión que tiene el niño frente al problema.
7. Respetar el ritmo de estudio y de trabajo del niño. Muchas veces se confunde la velocidad con la habilidad. Puede que en un principio el niño se demore mucho en resolver un problema, pero con el tiempo va a aprender a resolver los trabajos a un mejor ritmo.

8. Visualizar los problemas y relacionar los contenidos con la realidad o el entorno. El conocimiento no sólo está en los videos o en los libros. Muchas veces la manera más fácil de explicar algo es por medio de la experiencia. Si el niño no entiende un problema planteado por escrito, mostrárselo de manera visual o explicárselo con cosas en el entorno puede ayudar a que el concepto se vea más familiar y, por lo tanto, sea más fácil de entender.

9. Primero hacer lo que al niño le parece más difícil. Hacer lo que más se les dificulta temprano en el día, cuando tienen más energía y potencial para concentrarse, es una estrategia muy buena para optimizar los recursos cognitivos y no caer en frustraciones. Esto, además, ayuda a crear hábitos que están enfocados en resolver los problemas de manera prioritaria, con la ventaja de crear confianza en ellos mismos al enfrentarse a problemas nuevos.

10. Revisar todo al final. Es importante que al final del día se haga un recuento de las actividades que se hicieron, si el niño se sintió bien o mal haciéndolas y si es posible planear el día siguiente. Con la revisión, tanto nuestros hijos como nosotros vamos a poder ver el avance y los resultados de la organización y los esfuerzos del día.

martes, 12 de mayo de 2020

Actividad No. 3 del 11 al 22 de mayo de 2020


Actividad No. 3 del 11 al 22 de mayo de 2020


Lea cada uno de los siguientes cuentos cortos.  Después en la casilla de comentarios realice lo siguiente:
1. Coloque nombres y apellidos completos y el grado.
2. Invente un cuento corto de diez renglones. Recuerde que se evalúa creatividad, ortografía, redacción.

Un Sueño, de Jorge Luis Borges




En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe, en caracteres que no comprendo, un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular… El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.
Final para un cuento fantástico
- ¡Que extraño! -dijo la muchacha avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada! La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.
-¡Dios mío! -dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos! -A los dos no. A uno solo -dijo la muchacha. Pasó a través de la puerta y desapareció.
El gesto de la Muerte, de Jean Cocteau
Un joven jardinero persa dice a su príncipe: - ¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán. El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta: -Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza? -No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahán.
El Pozo, de Luis Mateo Díez

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior. «Este es un mundo como otro cualquiera», decía el mensaje.
Mensaje, de Thomas Bailey Aldrich
Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.
El dedo, de Feng Meng-lung

Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa. - ¿Qué más deseas, pues? -le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios. - ¡Quisiera tu dedo! -contestó el otro.




lunes, 4 de mayo de 2020


Actividad 2 de la tercera semana

Nuevamente realice la lectura tomada del libro "Corazón" del escritor italiano Edmundo de Amicis y narre o cuente, en máximo diez renglones, cómo fue su primer día de clase en la Institución Educativa Técnico Dámaso Zapata (IETDZ). 


EL PRIMER DÍA DE ESCUELA



Lunes 17

¡Primer día de clase! ¡Se fueron como un sueño los tres meses de vacaciones pasados en el campo! Mi madre me llevó esta mañana a la sección Baretti para inscribirme en la tercera elemental. Yo me acordaba del campo e iba de mala gana. Todas las calles que desembocan cerca de la escuela hormigueaban de muchachos; las dos librerías próximas estaban llenas de padres y madres que adquirían carteras, cuadernos, cartillas, plumas, lápices; en la puerta misma se apiñaba tanta gente que el bedel, auxiliado por los guardias municipales, tuvo que poner orden. Al llegar a la puerta sentí un golpecito en el hombro: volví la cara y era mi antiguo maestro de la segunda, jovial, simpático, con su cabello rubio rizoso y encrespado, que me dijo: -Conque, ¿nos separamos para siempre, Enrique? De sobra lo sabía yo; y, sin embargo, ¿aquellas palabras me hicieron daño! Entramos, por fin, a empellones. Señoras, caballeros, mujeres del pueblo, obreros, oficiales, abuelas, criadas, todos con niños de la mano y cargados con los libros y objetos antes mencionados, llenaban el vestíbulo y las escaleras produciendo un rumor como el de la salida del teatro. Volví a ver con alegría aquel gran zaguán del piso bajo, con las siete puertas de las siete clases, por el cual yo había pasado casi a diario durante tres años. Las maestras de los párvulos iban y venían entre el gentío. La que había sido mi profesora de la primera superiora me saludó diciendo: - ¡Enrique, tú vas este año al piso principal, y ni siquiera te veré al entrar o salir! –y me miró apenada. El director estaba rodeado de madres que le hablaban a la vez; pidiendo puesto para sus hijos; y por cierto que me pareció que tenía más canas que el año anterior… Encontré algunos chicos más gordos y más altos que cuando los dejé; abajo, donde ya cada cual estaba en su sitio, vi algunos pequeñines resistiéndose a entrar en el aula y que se defendían como potrillos, encabritándose; pero a la fuerza los introducían. Aun así, algunos se escapaban ya una vez sentados en los bancos, y otros, al ver que se marchaban sus padres, rompían a llorar, y era preciso que volvieran las mamás, con todo lo cual la profesora se desesperaba. Mi hermanito se quedó en la clase de la maestra Delcatti; a mí me tocó el maestro Perboni, en el piso primero. A las diez, cada cual estaba en su sección; cincuenta y cuatro en la mía; solo quince o dieciséis eran antiguos condiscípulos míos de la segunda, entre ellos Derosi, que siempre sacaba el primer premio. ¡Qué triste me pareció la escuela recordando los bosques y las montañas donde acababa de pasar el verano! Me acordaba también ahora con nostalgia de mi antiguo maestro, tan bueno, que se reía tanto con nosotros; tan chiquitín que casi parecía un compañero; y sentía no verlo allí con su rubio cabello enmarañado. El profesor que ahora nos toca es alto, sin barba, con el cabello gris, es decir, con algunas canas, y tiene una arruga recta que parece cortarle la frente; su voz es ronca y nos mira a todos fijamente, uno después de otro, como si quisiera leer dentro de nosotros; no se ríe nunca. Yo decía para mí: “He aquí el primer día. ¡Nueve meses por delante! ¡Cuántos trabajos, cuántos exámenes mensuales, cuántas fatigas!”. Sentía verdadera necesidad de volver al encuentro de mi madre, y al salir corrí a besarle la mano. Ella me dijo: - ¡Ánimo, Enrique! Estudiaremos juntos las lecciones. Y volví a casa contento. Pero no tengo el mismo maestro, aquel tan bueno, que siempre sonreía, y no me ha gustado tanto esta aula de la escuela como la anterior.